GOGO-PROJECT

New adventure in Turkey, GOGO-Project, as filmmaking duo with my colleague Jorge López.

No volveré a ser joven

Jaime Gil de Biedma

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

En Poemas Póstumos (1968), de Jaime Gil de Biedma.

Old Joke

Interior. Día.

Alvy Singer, ante un fondo neutro, habla a la cámara.

Alvy: Les contaré un chiste viejo. Ah, dos señoras mayores están en un parador de montaña, y una dice: «Hay que ver lo mala que es aquí la comida». Y la otra replica: «Sí, ya, ya, y además dan unas raciones tan pequeñas». Pues bien, así es cómo veo yo la vida. Llena de soledad, de tristeza, de sufrimiento y de infelicidad, y pasa todo tan deprisa… Hay, hay otro chiste importante para mí, que suele, ah, atribuirse a Groucho Marx, pero yo creo que aparece antes en «El chiste y su relación con el subconsciente», de Freud. Y dice así, poco más o menos: «No me interesa pertenecer a ningún club que cuente a alguien como yo entre sus socios». Ese es el chiste clave de mi vida adulta, en lo que a mis relaciones con mujeres se refiere. ¿Saben? Últimamente me pasan las ideas más raras por la cabeza, porque acabo de cumplir los cuarenta, hum, y creo que estoy pasando por una crisis existencial o algo así, no sé. Yo, bueno, envejecer no me preocupa. No soy de esa clase de individuos, ya saben. En fin, estoy perdiendo algo de pelo en la coronilla, pero la cosa no pasa de ahí. Yo, ah, yo creo que mejoraré de aspecto con los años, ¿saben? Yo; hum, yo pienso que entraré en la categoría de los calvos viriles, ya saben, lo contrario de los seductores otoñales de cabellos plateados, por ejemplo, ¿no les parece? A menos que acabe por no ser ni lo uno ni lo otro. A menos que me convierta en uno de esos individuos que andan por las cafeterías con una bolsa de comida en la mano y la baba que se les cae de la boca, pegando voces sobre el socialismo. (Suspira.) El caso es que Annie y yo hemos terminado y no, no consigo hacerme aún a la idea. Yo, bueno, yo no paro de buscarle las vueltas a nuestras relaciones, de interrogarme sobre mi vida, de averiguar cuándo empezaron a joderse las cosas, ya saben, pues hace un año estábamos, bueno, enamorados. Yo lo único que… es curioso, yo no soy, no soy una persona triste, no tengo un carácter depresivo. Yo, yo, ah. (Ríe.) Yo era un niño pasablemente feliz, ¿saben? Me criaron en Brooklyn durante la segunda guerra mundial.

Annie Hall (1977), de Woody Allen. Guión: Woody Allen y Marshall Brickman.

Huida

lorca

IX

Huida de Nueva York

Pequeño vals vienés

En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados,
hay frescas guirnaldas de llanto.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals, este vals del “Te quiero siempre”.

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orillas tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.

«Pequeño vals vienés» (En Poeta en Nueva York, 1929-1930), de Federico García Lorca.

Toño Chouza

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